La locura de Quijotes

Hidalgos Quijotescos y Sanchos cuerdos, entre estos dos extremos bailamos como peonzas en la cuerda de la locura. Quien no posee parte de Quijote y un poquito de Sancho. Todos ansiamos el poder y la gloria, y somos lo suficientemente ilusos para creernos falsas expectativas y llegar a gobernar ínsulas. Pobre de todos nosotros. La pregunta radica, es mejor ser el cuerdo u o el loco. El segundo no es consciente de la vida imbuido en su propia locura, donde habita a veces solo otras en compañía con sueños extraños y oscuros, otros lucidos y generalmente difusos, como el cristal opaco de unas viejas gafas rotas por ese uso continuo e indebido.
En la literatura es común encontrar personajes atormentados, con pasados acosadores, futuros negros e inciertos y presentes en la más terrible desidia. Los protagonistas de las novelas rondan la locura como el equilibrista juega sobre la fina cuerda que separa su cuerpo del abismo, y con esa facilidad entran y salen de ella, pero generalmente no reflejan a su devenir las consecuencias de tratar tan difíciles compañías.
Uno de los mejores ejemplos de locura lo tenemos en Conrad y su "El corazón de las tinieblas" o "Lord Jim", personajes con pasados oscuros, la locura como forma de vida, y una vida difícil, entrelazada con la marginalidad, mas mental que física, que les rodea, aplasta con el peso de su mano invisible y les condena. Para Conrad es importante la predestinación a la perdición de sus personajes, ese camino sin paradas aun infierno generalmente personal, que después tan bien refleja la película "Apocalipsis Now", donde Marlon Brandon es el hombre oscuro, mas cercano a la muerte y la condenación que a la vida terrenal. Brandon se mira en el espejo del personaje conradiano de Marlow, perseguido por todos los fantasmas posibles y por haber.
Pero el Quijote no es un loco común. Su locura soñadora, ese tobogán de sentimientos y caminos encontrados, no es un descenso a ningún lugar, es más una búsqueda continua de un imposible, de un hecho inexistente, caminar hacia lo que no existe y tal vez nunca existió. Ello provoca la fácil identificación para cualquier lector con su figura, todos podemos vernos reflejados en su imagen, por el simple hecho de haber soñado o aspirado a situaciones imposibles, intentado atravesar caminos ocultos, o luchar contra falsos gigantes interpuestos como grandes montañas a nuestro paso. La locura quijotesca es un tiovivo de sentimientos, tan pronto arriba como abajo, que nos condena y hace felices. La gran duda, siempre radicara en la misma utópica pregunta: ¿Mejor Sancho o Quijote?
23/04/2005 14:43 Enlace permanente. Tema: Literatura y Libros.

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