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Blog de un Outsider

Adrenalina

Hay días difíciles, pero donde el destino y la suerte pueden ponerse de tu lado. Hoy ha sido uno. En el coche, bajando un puerto de montaña, de complicación media, a una velocidad moderada (50 Km./h, normalito). Una curva, un todo terreno lanzado cuesta arriba, volantazo a derecha para evitarlo, coche embalado hacia la orilla, y tras esta una caída libre de unos cuantos cientos de metros, nuevo volantazo a la izquierda, control, al fin los frenos funcionan, y el coche dentro de la cuneta a centímetros de hacer puenting libre sin cuerda. ¿El destino, la suerte, una buena reacción del conductor? Posiblemente, un poco de cada cosa.
Cuando sufres una experiencia traumática (que se lo digan al compañero de trabajo que iba de copiloto, eso si que era un shock, no paraba de temblar y mirar para abajo), hablan de tantas y tantas experiencias sobre lo que tu cuerpo y mente pueden experimentar. La verdad, yo, solo recuerdo una sensación, la adrenalina a tope corriendo por mis venas y luego, ese ligero nerviosismo que recorren todos los músculos cuando se va diluyendo en la sangre, para después sentir un gran cansancio, reacción violenta sobre el hecho de lo ocurrido, y leve intranquilidad, que lleva a un momento de raciocinio, donde piensas sobre lo ocurrido, intentas calmarte (algo imposible), pero introduces la primera marcha en el coche e intentas continuar el viaje hacia tu destino, o un mejor lugar donde parar, bajarte, mirar el coche y calmar el corazón (cualquier sitio mejor que al lado del barranco).
El que esperase una narración de experiencias sobrenaturales, túneles blancos, la vida pasando en un segundo, temo que se vaya a sentir decepcionado, mi experiencia con el peligro se reduce a una sustancia química producida por el cuerpo humano, la adrenalina. Posiblemente, a ella, debemos mi compañero y yo esos oportunos reflejos que me ayudan a contragirar, tirar de freno de motor, controlar y parar el coche. La química, eso que tanto nos mata como nos hace sobrevivir. Tal vez, aromatizado con una gota de destino, y cocinado no con perejil, sino con un poco de fortuna (que no es mal aceite). Tal vez sea una noche para agradecer a los dioses (cada uno los suyos), la ayuda recibida, y después dormir, tantas horas como pueda, y soñar con que nunca llegará mañana, con desaparecer en infinitos mundos lejanos... Pero más bien, creo, que lo mejor será no soñar con nada, dejar la mente en blanco y descansar. Ciao.

1 comentario

sar -

impresionante!!
si es asi como lo cuentas...no me extraña que aproveches la noche para agradecer a tus dioses la ayuda recibida.
salu2