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Blog de un Outsider

Infierno - Inferno - Hell

   Cuenta la historia, que una cálida tarde de verano, cuando las hojas comenzaban a sombrear en tonos ocres y marrones, y el calor era mas suave tras la improvisada brisa norteña, visitaba Oriente, un antiguo emperador chino, de dinastías irreconocibles hoy tras el paso de los tiempos y la amalgama de la existencia humana, aburrido, solo ante su jardín, donde las carpas cantaban las alabanzas de la vida acuática a unos tranquilos espectadores, una docena de flores de loto en flor, el emperador, aburrido, decidió aplicar los antiguos conocimientos de su estirpe y convocar un personaje ultramundano para animar el aburrimiento del atardecer imperial. Y he aquí, que acudió a su llamada un personaje que el emperador no conocía; "¿Cual es vuestro nombre buen señor?", pregunto el emperador intrigado; "Caronte me llaman de allá de donde vengo, y he venido hasta aquí, buen emperador para narraros los hechos y quehaceres del infierno, lugar que debéis saber, pronto entrara en la agenda de vuestras futuras visitas lejos del palacio". Ante tal franca respuesta, el emperador palideció bajo su blanco maquillaje y sus ojos desorbitados, comenzaron a oír lo que el hombre llegado del ultramundo tenía que contar. "Fuego abrasador encontrar podríais, aunque también lagos de cálida lava o desiertos de hielo azulado como las mañanas de primavera, pero, tenemos grandes bosques de árboles humanos, con cada ser condenado, creamos un sin fin de nuevas ramas, de las que otras almas en pena, podrán colgar como bellas hojas en los tonos coloridos que su aflicción desee. Optar, si esto dicho hasta ahora no os place, por las grandes calderas repletas de mortales avaros, que lentamente asan su avaricia en el liquido hirviente que sus monedas producen a la cocción. Algunos mentirosos, obligados son durante los decenios del destino ha hablar sin poder detenerse, sin que gota de agua libere sus gargantas del escozor. Despiadados asesinos se debaten en mortales combates día si, día también, en los infinitos campos de Marte, mientras sus victimas, se regocijan y disfrutan del espectáculo de la venganza desde la lejanía de las nubes del Liceo. O tal vez, prefiere su señoría los pantanos de los envidiosos, que los tragan y devoran como sus envidias, para luego volver a soltarlos para que corran y caigan en la boca de la siguiente charca. Por poder, podría contaros otras bellezas de lugares mas maravillosos del infierno, pero no deseo privaros del placer de poder elegir y experimentar por vos mismo los placeres que el destino ha querido para vos. Y decirme, ¿alguno de los mencionados ha sido de vuestro agrado?", y ante el final del relato de Caronte, el emperador, con rostro cadavérico y el maquillaje arrastrado por el sudor frió que recorría su cuerpo, cayó al suelo fulminado, con su corazón detenido por el miedo y la impresión. Caronte, arrodillándose junto a él, arranco su alma inmortal de su cuerpo aun calido, y llevándole de la mano, encaro la vuelta al hogar con estas palabras, "Vos seréis una excepción, majestad, pues no lleváis moneda con la que pagar el trayecto, pero en ocasiones, la muerte y el destino, nos obligan hacer extraños compañeros de viaje".

   El infierno, personal e intransferible, ¿cual es el vuestro? ¿Como lo percibís? Tal vez esperáis al barquero, o aun Satanás de rojo y negro con tridente y lengua viperina. Esperar, podemos, el tiempo va en nuestra contra, pero por favor, si algún animado compañero internauta, animado por el relato, decide participar en la descripción de infiernos, considérese invitado. Hasta pronto.


 

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